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Amir Hamed
ISSN 1688-1672

 



CUERPO - PIEL - CULTURA - EDUCACIÓN - GUERRA - VACÍO -


Desaldabar la piel para pensar con el cuerpo (I)

Andrés Torres Guerrero

Si vivir es escribir con todo el cuerpo, por qué continuar aprisionando la escritura vital entre barrotes disciplinares que conforman la lógica del vigilar y castigar. Es indispensable abrir las puertas del escenario educativo para que en él se posibilite la existencia de una comunidad creadora


I. ¿Habrá un material más sagrado que el cuerpo humano?
(1)


El vals y el foxtrot, clásico uno y mucho más moderno el otro, son bailes de sociedad distinguidos. El boogie-woogie y demás sucedáneos negroides, no lo serán jamás
(2) . Esta cita tomada de un libro de buenos modales, me hacen pensar en todas esas políticas culturales que terminan por domesticar y encarcelar al cuerpo.

Occidente es un código cultural que ha concebido al cuerpo como un engranaje del llamado progreso, sólo que como lo expresara Nazarín, frente a la pregunta ¿Y qué piensa usted (...) de los problemas pendientes, del estado actual de la sociedad? El padre responde:

-Yo no sé nada de eso (...). No sé más sino que a medida que avanza lo que ustedes entienden por cultura, y cunde el llamado progreso, y se aumenta la maquinaria, y se acumulan riquezas, es mayor el número de pobres y la pobreza es más negra, más triste, más displicente(3).

Pensemos en alguien como la modelo alemana Claudia Schiffer, quien gana, gracias a su
cuerpo, diez millones y medio de dólares al año. Pero, al mismo tiempo, no perdamos de vista a aquellos hombres y mujeres que usan su cuerpo-como-bombas para realizar atentados terroristas. Hoy los programas de televentas están invadidos de actrices que tienen la fórmula efectiva para bajar de peso. En el telenoticiero, he visto la imagen de un hombre desesperado que se baña en gasolina y se prende fuego. Al cierre de la emisión, cuerpos voluptuosos escriben el epílogo perfecto, donde la silicona se solaza con la banalidad y la indiferencia.

Muchas personas buscan paranoicamente uniformar su cuerpo al paradigma de belleza que desde lo massmediático se impone. En las arenas apolíneas de la playa Belmont, es imposible encontrar a un cuerpo que no esté calcado de la fisonomía de la Barbie y de su apuesto compañero Kent. El cuerpo es un territorio político, y dentro de las múltiples políticas que lo atraviesan, la de tener un abdomen plano se constituye en un ideal de vida (en estos tiempos de asepsia).

Hace algún tiempo, cuando releía Secuestrada, el diario de cautiverio de Leszli Kalli, me sorprendió la angustia que esta mujer sentía frente a su cuerpo. En uno de los apartes del mismo, escribe: 5:40 p.m. El tiempo transcurre lento, muy despacio... cada minuto se hace eterno. Jugué parqués, me bañé, comí y vomité, pues Fer y Diego me dicen que estoy muy gorda(4).

En las calles del centro y norte de Bogotá, no es extraño recibir pequeñas tarjetas de invitación donde se exhorta a ir al "colegio". Pero no a cualquier tipo de colegio. Se trata de "centros educativos" que reúne a colegialas uniformadas y carnetizadas, que aparte de ser pícaras adolescentes, son Lolitas Sabelotodo. Sus cuerpos están en promoción: 2 x $ 30.000. Se desterró la poesía del cuerpo. Los negocios son la guerra(5).

II. La cultura ha creado cuerpos correccionales.

La educación como institución mediadora, reguladora, administradora de la cultura se ha erigido en un aparato de captura; en este contexto, la figura del profe se confunde y se afilia peligrosamente con la del guardián. Pero, también el estudiante, necesita de esta figura de poder, y si no la encuentra, la reclama. En este entramado, el cuerpo (no importa si el del profesor o del estudiante) inicia un lento aprendizaje de emparedamiento donde las potencias de la carne se adormecen y con ellas las posibilidades de más y mejor vida.

Para parafrasear a Artaud, invocado por Deleuze, podemos abrir los siguientes interrogantes: ¿Cómo construir un cuerpo sin órganos que lleve en sí mismo una filosofía portátil?(6) ¿A qué porvenir podemos aspirar y esperar teniendo en cuenta la educación que soñamos en y con el otro?(7) ¿Qué nexos se deben establecer entre corporeidad y conocimiento que fundamenten una transubstanciación de la cultura?(8)

Si vivir es
escribir con todo el cuerpo, por qué continuar aprisionando la escritura vital entre barrotes disciplinares que conforman la lógica del vigilar y castigar. Es indispensable abrir las puertas del escenario educativo para que en él se posibilite la existencia de una comunidad creadora donde el ejercicio de la investigación sea inmanente a la aventura del vivir, y desde allí, exaltar o proclamar un cuerpo que sea un laboratorio de experimentación que combata las fuerzas nihilistas de la negación y la muerte.

Es aquí donde el arte(9) en general, puede servir como motor que agencie reflexiones, interrogantes, respuestas que inventen un mejor porvenir. En este sentido, pensamos que las disciplinas, las teorías, son importantes pero no para quedarse en ellas y resguardar los postulados o conceptos que de ellas se desprenden, sino casi al contrario, nos parecen importantes en la medida en que prestan un fundamento desde el cual nos lancemos hacía aquello que, hasta ese momento no ofrecía ningún piso.

Imaginemos, los textos (todos los textos) como un trampolín desde el cual saltamos hacia el vacío para, en la caída, experimentar con un saber emanado a partir del riesgo y la incertidumbre. Esta sería una operación que iría de lo conocido hacía lo desconocido, para descubrir y/o inventar en lo desconocido aquello que abra una fisura por donde se filtre un aire renovador.

Al involucrar el cuerpo con sus pasiones, sus afectos, secreciones, pulsiones, seguramente la educación instaurada en el aula adquirirá una dimensión humana donde el conocimiento sea un periplo en que estudiante y profesor se reconozcan como intercesores(10) que rían (una condición del superhombre), mientras atraviesan la montaña de los signos. Se trataría, entonces de caminar soñando desde una escuela, una universidad, una educación, una pedagogía que hospedara al mundo, haciendo detonar la cultura resguardada en los museos(11).

Un tiempo suficientemente largo...-repitió Wolf-. ¡Qué calvario!- Dieciséis años con el culo pegado a un banco duro... Dieciséis años de chanchullos y honestidad alternados. Dieciséis años de aburrimiento: ¿Qué queda de ellos?. Imágenes aisladas, ínfimas... el olor de los libros nuevos el primero de octubre, las hojas que dibujábamos, el vientre asqueroso de la rana disecada en clase de prácticas, con su peste a formol y los últimos días de curso, cuando nos dábamos cuenta de que los profesores son personas porque también ellos se van de vacaciones, y había menos alumnos en clase. Y ese miedo atroz, del que ya no recuerdo la causa, las vísperas de exámenes...
Costumbres regulares... Todo se reducía a esto... pero ¿sabe usted señor Brul, que es un
crimen imponer a los niños un horario que dura dieciséis años? El tiempo es un engaño, señor Brul. El tiempo real no es mecánico, no está dividido en horas iguales..., el tiempo de verdad es subjetivo... se lleva adentro... Levántese a las siete todas las mañanas... Almuerce a medio día, acuéstese a las nueve y no tendrá nunca una noche suya... No sabrá nunca que hay un momento en que, al igual que la marea deja de bajar y se queda un instante inmóvil antes de volver a subir, el día y la noche se mezclan y se funden y forman una barra de fiebre semejante a la que forman los ríos cuando desaguan en el océano. Me robaron dieciséis años de noche, señor Brul. Me hicieron creer, en primero de Bachillerato, que mi único progreso debía consistir en pasar a segundo... En sexto, tuve que hacer la reválida... y luego, un título... Sí, pensé que tenía un objetivo en la vida, Brul... y no tenía nada... Avanzaba por un pasillo sin principio ni fin a remolque de unos imbéciles, precediendo a otros imbéciles. Envolvemos la vida con diplomas del mismo modo como te envuelven los polvos amargos con cápsulas, para que te los tragues sin darte cuenta... Pero ve usted, señor Brul, ahora ya sé que me habría gustado el verdadero sabor de la vida
(12).

Una pedagogía de la experimentación, al igual que una caricia, debe arriesgarse a lo desconocido. Experimentar con el pensamiento implica ir más allá de los límites de un corral epistemológico, cualquiera que este sea, y adentrarse a ese bosque donde nada esté dicho, donde se puede generar el acontecimiento. Sin riesgo no hay caricia y sin ésta tampoco existe la posibilidad de viajar con una piel senti-pensante.

(sigue)

Notas:

(1) Alejandro Jodorowsky. La trampa sagrada. Conversaciones con Gilles Farcet. Traducción de Luis Enrique Jara. Santiago, HACHETE. Colección ARTE Y LITERATURA. Ediciones Pedagógicas Chilenas S.A., 1991. p. 27. Título original: La tricherie sacrée. © Dervy-Livres, 1989.

(2) G. Oheim. DISTRACCIONES PARA GRANDES Y CHICOS. El baile. En, TU VIDA SOCIAL. Traducción y adaptación de Carlos M. Barbeito y Ernesto Mascaró. Madrid-Barcelona, Ediciones DAIMON, Biblioteca Práctica del Hogar. Tercera edición: mayo 1960 [PRIMERA EDICIÓN: NOVIEMBRE 1956]. pp. 271-286. Página citada 273. Título original de la obra: EINMALEINS DES GUTEN TONS. C. Bertelsmann, Gütersloh (Alemania).

(3) Benito Pérez Galdós. Nazarín. Bogotá, Editorial La Oveja Negra Ltda. 1982. p. 26.

(4) Leszli Kalli. Secuestrada. Bogotá, Planeta Colombiana Editorial, S.A. 2000. p 74.

(5) Nuevo proverbio japonés. Citado por: Bart Kosko. Pensamiento borroso. La nueva ciencia de la lógica borrosa. Traducción castellana de Juan Pedro Campos. Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1995. P. 155.

(6) Gilles Deleuze y Félix Guattari. 28 de noviembre 1947 ¿cómo hacerse un cuerpo sin órganos?. En, Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Traducción de José Vázquez Pérez con la colaboración de Umbelina Larraceleta. Valencia , Pre-Textos, 1997. Pp. 155-171.

(7) Jacques Derrida. ¿Qué hacer de la pregunta "¿qué hacer?"?. Traducción de
Bruno Mazzoldi. En, El tiempo de una tesis. Deconstrucción e implicaciones conceptuales. Barcelona, Anthropos. Segunda edición: 1997. Pp. 29-38. Texto publicado en: Le Nouveau Monde (París), 92 (1994), pp. 91-110.

(8) Edgar Garavito. Serres y
Nietzsche: la transubstanciación de la cultura. En, Escritos Escogidos. Medellín, Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, 199. Pp. 245-267.

(9) Creo en este sentido con Deleuze que, el problema del
arte, el problema relativo a la creación, es el de la percepción y no el de la memoria (...). Una percepción ampliada, tal es la finalidad del arte (o de la filosofía, según Bergson). Ahora bien, tal manera no puede ser alcanzada más que si la percepción rompe con la identidad en la que la memoria la fija.
Gilles Deleuze. Boulez, Proust y el tiempo: ocupar sin contar. En, Archipiélago. Cuadernos de Crítica de la Cultura. Nº 32. Madrid, Editorial Archipiélago. 1998. Pp. 18-23. Página citada 21. El
arte es aquello que resiste: resiste a la muerte, a la servidumbre, a la infamia, a la vergüenza. Gilles Deleuze entrevistado por Toni Negri. Control y devenir. Traducción de Edgar Garavito. En, Magazín Dominical de El Espectador Nº 511- 7 de febrero de 1993. Pp. 14-18. Página citada 17.

(10) Gilles Deleuze. LOS INTERCESORES. Capítulo IV "Filosofía". En, Conversaciones. 1972-1990. Versión castellana de José Luis Pardo Torío. Valencia, Pre-Textos, 1995. Pp. 193-214. Láutre Journal, Nº 8, octubre de 1985, entrevista con Antoine Dulaure y Claire Parnet.

(11) (...) Como la vida, ella cambia si no cambiara estaría muerta, y, desde luego, para algunos de nosotros, a veces está muerta, pero en cualquier momento cambia y está viva de nuevo. Hablamos un
instante de la leche contemporánea: a temperatura ambiental está cambiando, se pica, etc., y entonces una nueva botella, etc., a no ser que, separándola de su mutación convirtiéndola en polvo o refrigerándola (una manera de retardar su vitalidad) (es decir, que los museos y las academias son formas de conservar) temporalmente separamos las cosas de la vida (del cambio) pero en cualquier momento la destrucción puede venir repentinamente y entonces lo que ocurre es más fresco. John Cage. Ese momento está cambiando siempre. Traducción de Wade Matthews. En, Revista de Occidente. La música en nuestros días. Diciembre de 1993. N° 151. Madrid, Edita Fundación José Ortega y Gasset. Pp. 9-11. Páginas citadas 9, 10, 11. De Composition as Process. Aparecido originalmente en Silence, Wesleyan Uiniversity Press of New England. © 1961.

(12) Boris Vian. La hierba roja. Traducción de Giordi Marti. Barcelona, Editorial Bruguera, S.A, 1980, P. 121-122.

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