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ISSN 1688-1672

 



PICASSO, PABLO - CUBISMO - FACETADO - FIGURA - FONDO - CÉZANNE, PAUL - LAS SEÑOTITAS DE AVIÑÓN -

La figura es el fondo*

Carlos Rehermann

El facetado cubista condujo a un final bastante impresionante, que lo ha convertido en uno de los puntos de quiebre en toda la historia del arte universal: la abolición de la oposición entre los conceptos de figura y fondo. Los psicólogos de la teoría de la forma, que solemos conocer como gestalttheorie, desarrollaron interesantes ideas acerca de la percepción visual, algunos años antes del nacimiento del cubismo

El cubismo de Picasso


La pintura es la plasmación de los modos de ver de un tiempo y de un lugar.
Para el escritor y ensayista inglés John Berger, es posible medir la permanencia de valores emanados del capitalismo por la longevidad de la pintura al óleo, especialmente apta para reproducir brillos y texturas de objetos suntuosos.
No sólo la superficie pintada es significativa en este plano: el hecho de que la pintura europea haya elegido mostrarse dentro de un marco
(y en contraste, por ejemplo, la pintura china se exhibiera en banderas verticales o larguísimos rollos horizontales), muestra una tendencia obsesiva por tomar posesión de porciones del mundo.

Suele citarse, desde un estudio muy influyente de John Golding, la perspectiva cónica como un sistema de representación visual opuesto al del cubismo. Pero pensar en términos de pares de conceptos contrarios suele conducir al olvido de buena parte del mundo. Si bien es cierto que el cubismo, en todas sus fases, aceleró el alejamiento de la representación del espacio según la perspectiva cónica, ese proceso no es, visto el período completo, su rasgo más característico.

Suele considerarse al cubismo como una síntesis de dos visiones: la de Braque, que daría forma a las facetas características del estilo, y la de Picasso, que introduciría el rasgo escandaloso de lo feo, a través de sus rostros inspirados en las máscaras africanas por entonces de moda. Lo que más molestó al público y los críticos de aquella época, y al mismo tiempo, lo que entusiasmó a los amigos, no fue el alejamiento de la perspectiva cónica, sino la fealdad de las figuras del cuadro que se considera fundador del estilo, Las señoritas de Aviñón, de Picasso.
John Berger opina que ese primer cuadro no puede verse como una propuesta estética, sino como una provocación, actitud que, con más intensidad, adoptarían los dadaístas algunos años más tarde.

El rasgo pictórico más característico y permanente, en todas las variantes del cubismo, es el facetado de la superficie pintada. La faceta puede variar de tamaño
(enorme en los primeros cuadros, diminuta en los últimos), pero siempre está definida del mismo modo: una zona delimitada por líneas, que forma un degradado de claro a oscuro que contrasta con la faceta contigua porque su degradado va en sentido opuesto.

Perspectivas y Cézanne


A mediados de junio de 1907, hubo en París una retrospectiva de acuarelas de Paul Cézanne; a principios de julio, Picasso terminaba Las señoritas de Aviñón. En mayo de ese año, Picasso había visitado una exposición etnográfica en el Trocadero, donde, dijo, comprendió realmente la escultura africana. Hay consenso en que el cubismo de Picasso se alimenta de esas dos fuentes.

Buscando influencias entre los pintores inmediatamente anteriores, los críticos se detuvieron quizá en exceso en Cézanne. Sin dudas el gran pintor francés fue decisivo para el camino que Picaso tomaría a partir de 1907
(el año siguiente a la muerte de Cézanne), pero no conviene limitar el alcance de un estilo (de un modo de ver) a un solo aspecto. Cézanne había comenzado a dislocar la perspectiva, y a extender pinceladas en forma de escamas, rasgo que el cubismo llevaría al extremo.

La perspectiva cónica debe su nombre a que la representación se construye considerando que el ojo del observador es el vértice de un cono que barre el espacio. Si se corta ese haz cónico con un plano, y se registra en ese plano cada una de las líneas que allí se proyectan, se obtiene un trazado que representa de forma ilusionista la realidad observada. Esta modalidad de trazado se originó en el Renacimiento italiano, al mismo tiempo que la técnica del óleo. Se representaba, con el óleo, la riqueza material de los terciopelos y los metales preciosos, y con la perspectiva cónica, la centralidad ubicua del observador.
Las deformaciones de Cézanne no obedecían a un cuestionamiento de esta clase centralizada de visión, sino a la necesidad de "acomodar" la realidad fotográfica que genera la perspectiva cónica a unos objetivos compositivos personales del pintor.

En cambio, Picasso y los cubistas partían de un cuestionamiento más esencial de la perspectiva cónica. Picasso decía que "
[...] el arte es una mentira que nos hace ver la verdad [...] cuando se habla del naturalismo como opuesto a la pintura moderna, sería bueno preguntar si alguien ha visto alguna vez una pintura natural." Los cubistas decían que estaban interesados en la realidad, en la "auténtica" realidad, y planteaban que la perspectiva cónica era sólo una forma de describir una realidad, y una forma interesada. Renacimiento y capitalismo, cubismo y revolución, decían, por cierto cuando todavía no existía ni la Unión Soviética ni el realismo socialista.

El mundo no es un caos, sólo lo parece


El facetado cubista condujo a un final bastante impresionante, que lo ha convertido en uno de los puntos de quiebre en toda la historia del arte universal: la abolición de la oposición entre los conceptos de figura y fondo.
Los psicólogos de la teoría de la forma, que solemos conocer como gestalttheorie, desarrollaron interesantes ideas acerca de la percepción visual, algunos años antes del nacimiento del cubismo. Con todo, la difusión de estas teorías no se produjo, entre los artistas, sino hasta mediados del siglo XX, con el esencial libro de Rudolf Arnheim Arte y percepción visual, y con el trabajo de Ernst Gombrich desde el Warburg Institute de Londres. Sus explicaciones arrojan luz sobre aspectos esenciales del cubismo.

Los psicólogos de la forma sostienen que una característica básica del modo de percibir humano consiste en separar dos clases de elementos en el campo visual: la figura
(algo compacto, bien definido, que está adelante) del fondo (algo extendido, difuso, que está detrás). Demostraron, mediante diagramas simples y convincentes, que nos resulta imposible prescindir de esa dialéctica.

Cuando se trata de representar el mundo en una superficie plana, no reproducimos realmente lo que vemos, sino lo que vemos a través de nuestra impronta figura-fondo.
El cubismo puede verse como una síntesis que supera la oposición figura-fondo.

Picasso realizó un retrato cubista de Abroise Vollard. Es imposible decir dónde termina la figura y dónde empieza el fondo. Se disuelven una con el otro. Sin embargo, la función figurativa
(el parecido, un requisito del retrato) se mantiene.
Picasso jamás realizó una pintura no figurativa, fiel a su idea de que la pintura trata de la realidad
(aunque sostenía que no le interesaba pintar lo que veía, sino lo que pensaba de lo que veía), y no puede ser concreta (es decir, limitada a sí misma), como defendieron luego los mal llamados pintores abstractos.

Durante los años veinte abandonó la disolución cubista de figura y fondo, y comenzó a desarrollar imágenes con una espacialidad renacentista acentuada, alternando con composiciones cercanas al no figurativismo, cuyos referentes sólo se reconocen cuando se lee el título del cuadro. Cuando hizo Guernica, en 1937, retomó por última vez los lineamientos del cubismo, especialmente en la zona central del gran mural.

El cubismo es quizá el estilo pictórico del siglo XX que más claramente ilustra la estrecha relación entre un estado del mundo -caótico, desquiciado, apocalíptico: listo para la guerra- y un modo de ver -la abolición del orden natural que distingue la figura del fondo-.


* Publicado originalmente en El País Cultural

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