H enciclopedia 
es administrada por
Sandra López Desivo

© 1999 - 2013
Amir Hamed
ISSN 1688-1672

 



DUENDE - LUGARES COMUNES - FUENTES, CARLOS - HERNÁNDEZ, FELISBERTO - ARTISTA -

El duende y los lugares comunes*

Amir Hamed
Fuentes relata una hipérbole facilonga de lo que el bípedo más distraído ya conoce, el talento de Felisberto consiste, por oposición, en retorcer el clisé para volverlo alarmante


Tal vez la mejor manera de distinguir al artista bueno del mediocre sea percibir cómo se maneja cada uno con los lugares comunes. Compárese, por ejemplo, un cuento ya volatilizado de Carlos Fuentes con otro de Felisberto Hernández. Ambos lidian con la sociedad de consumo: el mexicano cuenta una pantagruelada en la que la fascinación por los productos descartables y el hiperconsumo lleva a las grandes ciudades a quedar sitiadas desde dentro por montañas de sus propios desechos. Léase: las ciudades y las sociedades del siglo XX, de más está decirlo, alienadas por el consumo
(si se quiere ser más específico, Ciudad de México y su nube tóxica). Por su parte, al protagonista recurrente de Hernández -el que deambula por pequeñas ciudades del interior uruguayo-, por medio de una jeringa, le inoculan una fórmula para que repita como un loro "Muebles El Canario, Muebles El Canario".

En el primer caso, una alegoría que, de tan ostensible, no es más que una perogrullada; en el segundo, el resplandor del talento. Si Fuentes -incluso en este siglo XXI- hubiera llegado a la anécdota que narra Felisberto, la jeringa hubiera implicado recitales de Coca Cola, nicotinas de Marlboro, manguerazos de Texaco, microchips de Microsoft, dudosos pollos KFC o la especie más bullanguera que se le antoje al lector. En tanto Fuentes relata una hipérbole facilonga de lo que el bípedo más distraído ya conoce, el talento de Felisberto consiste, por oposición, en retorcer el clisé para volverlo alarmante. Que se realice un operativo comando para secuestrar y torturar a un ciudadano con el mero fin de que repita semejante banalidad comercial nos hace reír, por un lado, pero también nos desencaja.

¿Cuál es la receta para discernir qué es lo que conviene escribir? Probablemente, ninguna. Es regla del buen arte brindar una percepción sorprendente (no por eso alambicada; puede ser, como en el caso de Felisberto, rabiosamente simple). La otra regla, que nunca conviene olvidar, es que unos nacen con talento y otros, si son muy esforzados y mañeros -y además cuentan con muy buena suerte- pueden llegar a engrupir por un rato.

Para que algunos logren hacerse pasar por buenos, siendo en rigor limitados, es imprescindible, de todos modos, la complicidad de muchos. Para explicar esta complicidad, seguramente lo más cómodo sería repetir el aserto de Frazer en el prólogo de La rama dorada acerca de que el 99% de la gente es estúpida -y a partir de guarismo tan apabullante, se insistiría en el lugar común de que los grandes artistas son incomprendidos, etc. etc. Pero probablemente lo más útil sería consignar que, al vivir en un mundo sociologizado, solemos enceguecernos por estadísticas, por cortes transversales, por números como bultos y por cortes, en último término, muy gruesos.

El artista suele percibir lo que todavía no es, lo que recién germina, lo que apenas está proyectando su sombra pero que ya amenaza crecer furibundo. En principio no revela la mole; suele dar con lo que todavía no es más que un matiz, un aspecto ni siquiera retenible en estadísticas. No se trata de una mirada microscópica, sino de una capaz de percibir lo oculto, lo que todavía es casi innombrable. Por ejemplo, la enciclopedia china inventada por Borges y festejada por Foucault, que parecería proceder como la enumeración caótica en poesía, en su item (m) incluye a esos animales "que acaban de romper el jarrón".

Un escritor mediocre hubiera percibido sólo un jarrón roto -lo mismo, digamos, que consignaría un dependiente de tienda, o un sociólogo-; uno más avispado hubiera logrado cargar sobre el pretérito del verbo -lo "roto"- o incluso con su no-ser-más-jarrón; uno bueno da con el tris ("acaban"), da con el duende, justo antes de que el duende termine de esfumarse.

* Publicado originalmente en Insomnia

VOLVER AL AUTOR

             

Google


web

H enciclopedia