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ISSN 1688-1672

 



HEIDEGGER, MARTIN - PENSAR - LO SAGRADO - NOMADISMO - EXCLUSIÓN CULTURAL Y ECONÓMICA - GUERRA -

Política y Nihilismo: el nuevo orden internacional II

Oscar Portela

Podríamos preguntarnos ahora dónde buscar esa experiencia que nos prepare para el advenimiento de una nueva experiencia de lo sagrado, mientras al lado de la vida crecen las alternativas de una vida suplementaria, que en instantes puede hacer desaparecer de la tierra, toda conciencia -auténtica perpeptio- de lo que no sea virtual: el otro, el cuerpo propio, la lengua, la tierra propia

En el Seminario de le Thor, Heidegger insiste -el auditorio en la campaña de la Provenza Francesa está compuesto por Beaufret, Koyrè y no más de otras diez personas-: "En el extremo opuesto, puede decirse que cuando los astronautas ponen el pie sobre la luna, la luna desaparece en cuanto luna. No se levanta más, ni se oculta. No es otra cosa que un parámetro del emprendimiento técnico del hombre.".

Es decir, no es más que una estación orbital, una longitud de medida. Siempre que comprendamos que la ciencia no toma a la técnica como un método, sino que a la inversa, las técnicas dominan la esencia de la ciencia moderna como su fundamento. "Así, la naturaleza la phisis -presencia de la naturaleza en griego- se transforma sólo en stocks, reservas, fondos.".

Esta frase fue escrita por Heidegger en 1969, en el mismo seminario de la quinta del gran poeta francés René Char, mientras su inquisidor Adorno muere de un ataque al corazón, cuando los estudiantes toman la Univeridad de Berlin. Una vez más, las angustias anteriores de Heidegger se habían cumplido.

Esa reunión es casi una serena despedida, sin nostalgia, de aquel maestro que en un momento creyó que el pensar en mitad de un eclipse, debía defender (a Ernest Junger), las fuerzas de la autonomía del saber, entendido éste último, desde la grandeza misteriosa de lo inicial y dentro del espacio político, en consonancia con los servicios del trabajo y la seguridad.

Estamos lejos de todo esto: los tiempos se han precipitado. Aún la instancia de ser reporteado por Der Spiegel -a impulso de discípulos y amigos- va a repetir que las ideologías al uso -colectivismo, parlamentarismo, productivismo- no estaban a la altura del dominio de una cultura planetaria.

El diálogo restaurador con la oculta esencia de la técnica, iniciada con la lectura de Des Harbeiter (El trabajador de Junger), va a llevarlo lentamente a una lectura deconstructora de Nietzsche, y más lentamente a un interminable diálogo con Holderlín, en el cual va a hablar primero de detruktión de la metafísica y luego de dejarla marchar a su consumación. Lejos de otros filósofos que se ponen al frente de la Historia en las mismas calles de las grandes urbes, Heidegger contesta al periodista de "Spigel". "¡No! No conozco el camino de una transformación inmediata del actual estado de cosas del mundo, en el supuesto de que tal cosa sea humanamente posible. Pero me parece que el pensamiento que yo he intentado podría despertar la ya mencionada disposición, esclarecerla y fortalecerla".

La cautela de Heidegger se impone una vez más, y agrega: "El pensar no es pasividad, sino en sí mismo, la acción que esta en diálogo con ese destino del mundo". ¿Pero dónde se oculta hoy ese pensar? ¿Podríamos preguntarnos ahora dónde buscar esa experiencia que nos prepare para el advenimiento de una nueva experiencia de lo sagrado, mientras al lado de la vida crecen las alternativas de una vida suplementaria, que en instantes puede hacer desaparecer de la tierra, toda conciencia -auténtica perpeptio- de lo que no sea virtual: el otro, el cuerpo propio, la lengua, la tierra propia, hasta llevarnos nuevamente a formas de inmensos grupos sedentarios y controlados por la retina, y a nuevas formas de nomadìsmo, de los grupos sociales excluidos cultural y económicamente? La errancia metafísica no ofrece ningún refugio contra la devastación.

Insiste Heidegger: "La revolución de la técnica que se avecina en la era atómica pudiera fascinar al hombre, hechizarlo, deslumbrarlo y cegarlo de tal modo, que un día el pensar calculador pudiera llegar a ser el único válido y practicado." ¡Y ello ya ha sucedido! "Más inquietante que la conquista del espacio, se anuncia aquí la transformación de la biología en biofísica: esto significa que el hombre puede ser "producido" (las comillas son nuestras) conforme a un proyecto determinado como cualquier objeto técnico".

En este punto Heidegger se adelanta siglos a todo análisis del destino del hombre sobre la tierra. Los demás serán sólo anatomopatólogos. Él nos pone aquí frente al abismo más profundo del misterio del el "ser no fijado" (Nietzsche), cuyo fundamento es el abismo y cuya atracción -libertad sin fundamento- es el poder caer bajo de sí mismo, "en lo sub-humano", mientras las demás especies jamás podrían dejar de ser lo que son, salvo tal vez, a través del diabólico manipuleo de la concepción genética de la naturaleza, lo que se inserta en la malevolencia del hombre llevado a su condición de infra-humanidad.

El fracaso o el triunfo de la organización técnica de lo real, que considera la naturaleza sólo como reservorio de materia prima, y también al hombre como objeto de experimentación, han mostrado que el Caos y la Destrucción, llevan más que nunca el signo de la indigencia del pensar, e invariablemente el retroceso del hombre como "útil" de la planificación, frente a todo lo
trascendente que le salga al camino. Un pensador de la actualidad, alguien que toma nota de lo que sucede -no sólo de la preparación para una primer
guerra planetaria, sino para las guerras de las mafias internacionales, para las guerrillas, etc.- como Paul Virilio, advierte (aunque no lo cite a Heidegger): "Se desarrollan memorias adicionales, memorias muertas, que vienen a completar, pero también a reemplazar, la memoria viva, la memoria del hombre. La biotecnología es la próxima expresión de la revolución de las tecnologías. La técnica coloniza el cuerpo del hombre así como colonizó el cuerpo de la tierra.".

Sólo que Heidegger se adelantó cincuenta años y desde otra visión, a esta clínica que nos presenta el panorama de un planeta azotado por el demonio o ángel del espíritu, que todo lo que toca reduce a cenizas: de ahí la frase de Heidegger: "Tal vez sólo un Dios pueda salvarnos".

Corrientes.- Argentina, marzo 2004.

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