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URUGUAY - FÚTBOL - COMENTARISTAS DEPORTIVOS URUGUAYOS -


Selección primermundista con lecturas de cuarta (publicado el día anterior al partido Uruguay-Ghana)*

David Martino

(…) mientras los jugadores insisten una y otra vez en que están disfrutando el Mundial, que están en una fiesta, y que esto es un juego que no tiene ninguna relación con las "virtudes nacionales", el país comentarista sigue una y otra vez con la cursilería patriotera, el Mundial mezclado con una guerra victoriosa


Hay una disonancia notable entre lo que está haciendo la selección en la Copa del Mundo y lo que es capaz de ver el establishment de comentaristas deportivos y periodistas locales. Mientras los jugadores y el cuerpo técnico están en el primer mundo futbolístico y mental, y en pleno siglo XXI, los comentaristas y noteros están en una especie de rutinario tercer mundo mental y, futbolísticamente en el siglo pasado, leen un presente complicado e interesante con lentes provincianos.

Tres ejemplos simples, en el reducido espacio disponible aquí.

Primer ejemplo. Los comentarios de los periódicos, radios y canales locales, en los raros momentos en que finalmente, entre muchas horas de aire y litros de tinta gastados en mezclar el fútbol con el patrioterismo más cursi y desagradable, se deciden a hablar específicamente de fútbol, siguen intentando ver "cuál es el enganche y cuáles son los volantes de marca". No existen tales especies, o al menos no en las selecciones que juegan este Mundial. Los jugadores "de marca" en Uruguay son, empezando de adelante para atrás, Forlán, Suárez, y Cavani. Y de ahí para atrás, todo el resto. Lo mismo al atacar. Diego Pérez, Maxi Pereira, han sido de los más atacadores de los nuestros, cuando eso es lo que el juego pide. Suárez se ha cansado de sacar pelotas en su propia área contra Francia, contra México y contra Corea. Después del primer partido los comentaristas ponían el grito en el cielo porque el técnico "iba a retrasar a Forlán a jugar de enganche", una discusión sin sentido. Forlán jugó igual y en el mismo sitio en la cancha tanto contra Francia como contra Sudáfrica, la única diferencia es que mientras contra Francia erró los dos zapatazos que tuvo, contra Sudáfrica metió uno, lo que abrió la defensa rival, creando más oportunidades para el contragolpe. Mientras que la selección defiende en bloque, y se desdobla en ataque por uno u otro costado, nuestros comentaristas intentan superponer a lo que cualquiera ve una grilla imaginaria y medio cuadrada habitada por "metedores que dejan la vida" y "delanteros netos", o algo por el estilo. Nadie ha corrido, estadística mediante, más kilómetros que Cavani en este equipo. Nadie se ha sacrificado más que Suárez y Forlán, cubriendo veinte o más metros para ir a presionar al golero o a los defensores rivales en la salida, o exponiéndose en piques continuos a la descubierta corriendo a buscar pelotazos frecuentemente imposibles que les arroja la defensa. Pero no, se destacará, porfiada y dogmáticamente, siempre la figura arquetípica del cinco metedor, del "gladiador", o cualquier otra estupidez por el estilo. Al uruguayo no se le ha enseñado todavía que la lucha y el talento deben ir siempre juntos. Creemos, colectivamente, que los jugadores uruguayos están divididos, abstractamente, entre los que "ponen" y destruyen, y los que crean. Esa rejilla mental sigue impidiendo ver lo que pasa.

Segundo ejemplo. Los futbolistas destacan el grupo, y pasan inequívocamente la señal de que han dejado de lado cualquier diferencia personal o de pertenencia a uno u otro equipo que pudieran tener. Al final del partido con Corea la cámara mostró un largo, larguísimo y muy efusivo y sincero abrazo de Abreu y Arévalo, símbolo de que cualquier división menor está completamente afuera de este grupo. Pero los periodistas locales maldisimulan que sus juicios se deben, en un 90%, o bien a sus prejuicios sobre los esquemas antedichos, o peor, al equipo del cual son secretamente hinchas, o al equipo que creen les dará mejor posicionamiento en la audiencia local. Esa miopía, ese provincianismo, los hace ignorar a futbolistas notables y en cambio elogiar desmedidamente a otros que han participado en el pelotón. Los comentaristas deportivos locales, con pequeñas diferencias consistentes únicamente en un mayor disimulo, actúan en eso igual que los barrabrava que atosigan de odiosos y minúsculos comentarios camiseteros los foros de opinión de los diarios locales o de internet.

Tercer ejemplo, y el más importante: mientras los jugadores insisten una y otra vez en que están disfrutando el Mundial, que están en una fiesta, y que esto es un juego que no tiene ninguna relación con las "virtudes nacionales", el país comentarista sigue una y otra vez con la cursilería patriotera, el Mundial mezclado con una guerra victoriosa. En realidad, Uruguay no le ganó, digamos, a Corea, en desarrollo humano, nivel educativo, etc. Pero la ilusión, el subtexto de la victoria uruguaya, es político y engañoso.

Acaso uno se acerque a la excelencia si empieza por reconocerla bien, y por participar de ella al dejar de lado las minucias provincianas -de partidismos futbolísticos y de juicios de valor basados en virtudes y defectos inventados y desagradables. Este es el equipo de todos, bastaría con que todos dejemos un poco de escuchar el coro de ranas de nuestros comentaristas deportivos hegemónicos para dar un paso más hacia él. Es muy saludable la huelga de orejas, ver si es posible los partidos de Uruguay en una transmisión extranjera, y dejar de escuchar a los que pedían a gritos a Nacho González, a sabiendas de que no tenía competencia por meses, y luego lo acusaron de no rendir por no tener competencia por meses...; o uno muy conocido que siempre dice por televisión que Suárez "no está haciendo nada" segundos antes de que Suárez lo haga desgañitarse gritando atrás del relator, desencajado, "Uruguay! Uruguaaaaaayyy!!!".
 

* Publicado originalmente en el Semanario Brecha

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