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ISSN 1688-1672

 



SALGARI, EMILIO - MÉTODO

El método Salgari*

Fernando Santullo Barrio
Sólo hoy, cuando ciertos subgéneros son revalorizados en función de la relativa pérdida de peso de las categorías de la modernidad, el nombre de Salgari aparece como una de las claves de los modernos relatos de acción y aventuras

 

"Tenía un extraño método de trabajo. No le resultaba escribir sino ante una mesita estrecha, desquiciada y coja, llena de cuartillas que la cubrían casi totalmente. Llenaba esas cuartillas con caracteres menudísimos, usando una tinta muy clara, de modo que hoy sus manuscritos no se pueden descifrar mas que con el auxilio de una lente. Tampoco podía escribir sino con la tinta fabricada por él mismo...

Escribía tres o cuatro horas seguidas, consumiendo una cantidad inverosímil de cigarrillos, después se levantaba de pronto y bajaba al jardín seguido de numerosos animales domésticos que le formaban un extraño y pintoresco cortejo. Se ponía a cavar, a podar, pero no abandonaba a sus
héroes... A media voz continuaba haciéndolos hablar y actuar, y la intensidad de sus acciones mecánicas sobre las plantas del jardín y sobre la tierra aumentaba según la intensidad de la situación dramática en que se hallaban sus personajes. Y cuando el héroe, por ejemplo, conseguía librarse de un tigre con el que luchaba, el daba un grito de triunfo y volvía a la mesita coja y escribía... escribía...

El no admitía que se escribiesen libros de aventuras en los que no triunfase de todos los obstáculos el héroe simpático, en lucha con los malvados. En este extremo era de un optimismo irreductible el bien debía siempre triunfar, porque tal es su obligación en la vida y en los libros..."

Nadir Salgari, alrededor de 1930

Ganarse el pan

A pesar de las muchas distancias temáticas y estilísticas existentes entre Emilio Salgari y Dashiell Hammett, existe una suerte de "link" que los une y que, de alguna forma, los hermana. Tanto Salgari como Hammett escribieron en parte gracias a la necesidad expresiva que hay en todo escritor pero, por sobre todas las cosas, escribieron para ganarse la vida haciendo un trabajo que relatara cosas que conocían bien. Si Hammett había sido detective privado para la agencia Pinkerton y escribió novelas y cuentos policiales, Salgari había sido marino y aventurero para escribir sobre el mar y los piratas. Y aunque ninguno de los dos tuvo pretensiones de trascendencia, ambos la obtuvieron.

Durante muchos años esta trascendencia estuvo ligada más que nada al apego que el público tuvo por sus textos más que por los buenos comentarios que la critica literaria "seria" les prodigara. Durante mucho tiempo esa critica "seria" vio esas obras antes que nada como uno de los resultados de la degradación de la cultura al ser convertida en cultura de masas. No es raro encontrar en Borges (especialmente en la antología del cuento policial que realizó junto a Bioy Casares) comentarios muy negativos sobre la "novela policial norteamericana", calificándola de burda y tosca.

Algo similar ocurrió con Salgari, de cuya obra era habitual escuchar cosas como "literatura adolescente". El problema es que, para recurrir a una recurrida frase de Chandler "no hay temas vulgares, solo mentes vulgares. Todo lo que esta escrito con vitalidad, expresa esa vitalidad".

Y los textos de Salagari rezuman vitalidad por los cuatro costados: en el ímpetu y la honorabilidad de sus héroes, en la fantástica naturaleza que alternativamente los acosa y acuna, en los animales feroces que los atacan, en el orgullo que lleva a los hombres a la muerte y a morir por otros. Y eso es, muy probablemente, algo que impactó a sus millones de lectores.

Además, Salgari era capaz de imprimir una velocidad de vértigo a sus argumentos y armar un decorado fabuloso para la acción: el Pacifico durante una tormenta se convierte en sus manos en una sucesión de explosiones, colores, texturas y volúmenes que permite a cualquiera ubicarse en esa terrible situación. Si a eso se agrega un héroe incorruptible y valiente, que actúa como tal sin mella ni fisura, se está ante una escena estupendamente decorada y fácilmente reconocible en sus valores. Y ésa es también una de las claves de la trascendencia de Salgari: la capacidad para dejar a sus héroes hacer lo suyo, tal como todo héroe debería poder hacer, siguiendo preceptos morales que todavía siguen siendo una utopía deseable en el actuar diario de muchas personas.

A pesar de su éxito masivo, sólo algunos sectores mínimos de la crítica (aquellos apasionados por los subgéneros) supieron reconocer esa vitalidad como un valor literario. Solo hoy, cuando estos subgéneros son revalorizados en función de la relativa pérdida de peso de las categorías de la modernidad, el nombre de Salgari aparece como una de las claves de los modernos relatos de acción y aventuras.

En realidad, poco importa lo que la crítica haya dicho o diga si las novelas de un autor que murió haca casi noventa años siguen despertando pasión e interés entre sus lectores. Pues de eso se trata de la literatura, de que alguien quiera leerla.


* Publicado originalmente en Insomnia, Nº 63.  

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