H enciclopedia 
es administrada por
Sandra López Desivo

© 1999 - 2013
Amir Hamed
ISSN 1688-1672

 



CIELO 1/2 - HAMED, AMIR -
 

Penteando macaco*

Aldo Mazzucchelli

 

No todo está cerrado en Cielo 1/2, como en el barro, que nunca fue una cosa muy ordenada ni prolija. Pero todo está vivo, es material con potencia de reorganización. Y es un texto humilde antes que nada. El texto habla de los propios fracasos bien de frente, y en eso recuerda al Ecce homo de Nietzsche, que fue uno de los que usó mejor la ironía respecto de las pretensiones de grandeza del aquel yo decimonónico que Borges empieza su carrera ya ajusticiando.

1- 
 

Para entender Cielo 1/2 convendría, de entrada ya,  recordar el título completo del libro de Nietzsche: Ecce Homo: cómo uno se vuelve el que es. Amir Hamed ha escrito un texto, un libro finalmente por su propio peso, que para mi funciona, en parte al menos, como demostración exhibida de cómo el sujeto tiene que sortearse en sus palabras. Palabra y yo, palabra y sujeto, palabra y persona o personalidad, como quieran, esa es una de las cosas que importan en este libro. Acá hay una muchedumbre de dioses, de tiempos, de espacios, de personas que no son personajes, pero la tensión de todos esos hilos, o cuerdas, es alta. Es un zurcido complicado. Parece que uno no va a completar el salto, atrás adelante, antes, después, que uno no va a hacer el enganche. Pero el que escribe, lo que escribe, va enhebrando, tañendo esas cuerdas tensas, cada una de esas diferencias; va descubriendo lo que puede hacer. Claro que la desintegración del yo, por esa tensión que apenas se controla, está ahí nomás. El libro está escrito bajo el signo de Penteo entonces, aquel rey de Tebas que prohibió el culto de Dioniso—se ve que le tenía miedo a la desintegración y la pluralidad, y quería mantener un rostro único—. “Cara de cemento” tenía Penteo, como dice el tango. Hamed se refiere en el texto a cierta disposición volcánica del rostro, a la capacidad de crear o criar un rostro que estalla en muchos. A Penteo, como es público, lo despedazaron una noche en que de todos modos había ido, de la mano del mismo Dioniso, a espiar a las mujeres durante sus ritos báquicos. Las mujeres lo creyeron un animal, uno sin identidad ni rostro, y lo descuartizaron.

Amir Hamed, para decirlo corto ya en este primer párrafo: en el libro este está un relato de cómo te volviste el que seas que sos, igual que en el título del ecce homo; o si se quiere una larga reescritura o reapropiación de tu nombre: su chatarrería pasada, su antigüalla, sus antigüedades a la Flavio Josefo, su energía vieja que se vuelve a convocar, se pasa por tamiz actual. El decir de uno más de la serie en esa trasmigración. Una vuelta más, en donde se repiten muchas cosas. Pero también está ahí en el texto algo más espinoso, que viene a ser cierto intrincarse de un yo criollo/sujeto criollo de nombre extraño, en un tejido apretado, no fácil de plegar y ajustar a antojo, de varias mitologías lejanas: lo griego, y antes lo mesopotámico, lo semítico, lo mesoamericano. Hay entonces una pregunta primera: ¿A las mitologías, que en su origen son la segregación o el rezumo de una experiencia cerrada, en región, lengua y tiempo específicos, cómo se las puede abrir, viajar o customizar? Lo que me lleva ya a mi segundo punto.
 

2-
 

Una de las formas que conozco de prepararse de por vida para hacer eso, es nacerse rioplatense. Porque, y nos olvidamos a menudo, que eso es una de las cosas que hacemos mejor acá en el Río de la Plata, donde la “diversidad” no es una moda de hace unas décadas, sino una especie de forma de ser tradicional. Esta suerte de reposesión mitológica es entonces de acá, para mí. Esto que tenemos entre manos dice su origen cercano al hablar de lo lejano; para mí esta es una de las pocas regiones donde se podría haber escrito esto, acá en esta especie de resumidero de logos en que vivimos, o al menos, si no vivimos, de donde nos salen las referencias, donde podemos mezclar a piacere órdenes sucesivos o también órdenes opuestos, órdenes enemigos de palabras y significados. Nosotros acá, ya se sabe, alineamos del mismo lado al ejército francés y al prusiano, todos nos parecen Europa. Entonces me pregunto si es que realmente los hacemos significar distinto a esos órdenes de discurso, o si es que los trasladamos completamente a otro modo, o mundo, donde todos aquellos hacen nuestros sentidos; una enciclopedia terrena hecha por un extraterreno. En Cielo 1/2 hay no solo eso, que es común de toda cultura, la manipulación de las referencias culturales distantes, sino una segunda mano, un rulo más, que es la intersección de eso con las peculiaridades de tiempo, espacio, con el cronotopos de la voz que se habla a sí misma por escrito en el texto. Lo que deja servida la cuestión de género literario.
 

3-


Género. Importa el género, porque es el contrato, es la tela del contrato. Si no tengo el contrato no sé qué estoy leyendo, voy a naufragar en alguna página cercana. En cambio si tengo contrato puedo sobrepasar y orientar las dificultades. Y sí: esto es también una “narrativa del yo” como bautizó alguno con escasa poesía alguna vez; es un cuaderno de apuntes, una autobiografía, un diario—un travelogue; y un ordenar de referencias a sí mismo en segunda persona.

Desde el principio, acá, en este libro al menos (y muchos sospechamos que en toda la literatura), la cosa es cómo se dice el yo, el sujeto. Si logra decirse, o solo logra repetir. Ya balbucearse es algo. Qué palabras banca, con cuáles puede medirse, anexarse, reclamar, etc.. Whitman había escrito aquella Song of Myself que el yo—no muy ducho aun—de Vasseur estropeó antes que otros; y lo que muestra lo de Whitman, aun muy siglo IXX, es que quiere poner el centro en el sí mismo y el sí mismo se le descentra y se le va diluyendo en las praderas y los bosques, el yo se le hace el mundo y se le va de las manos—y eso es la garantía, paradójicamente, de su fusión con su sí mismo, que se dan en lengua, su salvoconducto, que no es el de su yo, sino el de Whitman. Ese es un modelo difícil de superar porque al menos logra evitar el romanticismo de creerse que el cuento del ego tiene un valor comunicable, una diferencia propia expresable en el lenguaje de los sentimientos.
 

4-


Porque si es una “narrativa del yo” y una “autobiografía”, habría que pensar qué es eso; qué es posible hoy, en ese espacio genérico. No es psicologismo, no es pretender que el lector lea la peripecia egoico/sentimental de Amir Hamed. Yo hablaba al principio de Penteo, y leyendo el libro uno se pregunta si, bajo el disfraz de un yo que se habla, realmente acá se intenta, en texto, una “personalidad” unificada, única, continua. Esta sospecha creo que está planteada hace tiempo, creo que la respuesta es, no, porque eso es algo que no existe, y por tanto eso no se puede hacer. A ver, a esta altura no estoy seguro si aun, o mejor dicho ya, podremos citar de nuevo a Borges. Todos estuvimos hartos de Borges, pero hay algo que viene después de estar harto. Acaso ya pasamos más allá de estar hartos. Esto que pasa con unos pocos escritores, que de repente se los puede volver a citar sin problema, me parece que con Borges ya pasa, hace poco con Amir. Entonces, si se permite reinaugurar la temporada de citar a Borges, en uno de sus ensayos primeros, según lo leo, voy a decir que es ensayo fundador de todo lo demás, que se llama “La nadería de la personalidad”. Allá al comenzar los veinte, Borges arranca construyendo párrafos atrás de una anáfora que dice: “No hay tal yo de conjunto”. Es un ensayo que niega la continuidad del yo. Esa frase es el horcón que mantiene el Borges de después, en muchos sentidos: su teoría de la inexistencia o minoridad del autor, su elogio del lector, su observación de que todo decir o contar es una redisposición de piezas ajenas, su admiración por lo que no es hermenéutico ni reductible a palabrería, como la acción, el duelo, o la felicidad del tango viejo, donde el yo se juega porque se pone más allá de las palabras. Todas estas cosas celebran una violencia primordial, cercana a la risa, y que es existencialmente más entera que lo que tiene antes y después. Y en ese ensayo dice Borges “Pienso probar que la personalidad es una trasoñación, consentida por el engreimiento y el hábito, mas sin estribaderos metafísicos ni realidad entrañal. Quiero aplicar, por ende, a la literatura las consecuencias dimanantes de esas premisas, y levantar sobre ellas una estética, hostil al psicologismo que nos dejó el siglo pasado, afecta a los clásicos y empero alentadora de las más díscolas tendencias de hoy”.
 

5-


“Hostil al psicologismo que nos dejó el siglo pasado”. Ahí está una de las cosas bien nítidas de este libro de Amir: habla de un sí mismo sin entrar en el corral de creer que las palabras que uno puede usar son capaces de decir, sin mucha vuelta o de modo muy directo, la experiencia de uno, una cosa una, unificada. No, la experiencia de uno no se dice. Pero se puede narrar su exterioridad y hacer con eso algo que sea interesante evocación de las experiencias internas, que repito, no se dicen. Es decir, que a las palabras hay que domarlas, hay que medirse con ellas, pero son ellas las que lo miden a uno. Cada uno va sabiendo, si se dedica y alcanza en algún momento el oficio de escribir, hasta dónde y qué puede decir. Uno, si escribe, nunca escribe lo que quiere, sino lo que puede. Así es que uno se maravilla de cuánto un otro puede escribir a veces. Esa es la famosa “representación del sujeto”, para mí. Un sujeto que nos llega porque se hizo mundo. Borges, en el mismo ensayo que citaba antes, trae al mismo Whitman, ya mencionado, y dice “que procurar expresarse, y querer expresar la vida entera, son una cosa y la misma. […] Whitman fue el primer atlante que intentó realizar esa porfía y se echó el mundo a cuestas. Creía que bastaba enumerar los nombres de las cosas, para que enseguida se tantease lo únicas y sorprendentes que son. Por eso, en sus poemas, junto a mucha bella retórica, se enristran gárrulas series de palabras, a veces calcos de textos de Geografía o de Historia, que inflaman enhiestos signos de admiración, y remedan altísimos entusiasmos.”.

¿Cómo se hace entonces para saltearse este problema de la garrulería, especialmente si uno se carga a lomos el entero panteón grecomesopotámico, y lo egipcio, y lo ugarítico y lo hitita? Precisamente, si logra atar hilos y referencias desde su montura de lenguaje; si se puede leer “de nuevo”; o “como nuevo” un episodio de la Ilíada. Hay muchos escalones después de la garrulería, cuando lo que prima en el ordenamiento del mundo en palabras es el poder de uno, cuando uno crece, y no permite que mande lo que está ya dado. Me parece que Cielo 1/2 consigue cosas en este sentido, consigue poner rienda a cosas tan difíciles de manejar como mitologías y espacios que arriesgarían exotismo, y entonces exhibe más de algún logro antiorientalista.

Entonces el libro, se me antoja, es la exhibición, ya muy mejorada, del proceso largo por el cual uno se va poniendo a la altura de todas las palabras, y evita caer en la trampa de procurar expresarse sin pasar por el exterior. El exterior, naturalmente, tiene que estar para un escritor hecho en buena medida de palabras.
 

6-


Es que, como dice en un momento musical el texto, “nada tira tanto como la letra”. La metáfora principal del libro, para mí, vuelve a ser cómo mostrarse como ciudadano pleno de una forma de relacionarse con toda la cultura anterior, y decirse sujeto es ser esa capacidad de relacionarse, acá. Decirse en una mezcla en principio no legítima en ningún lado más que acá en este rincón aluvial: como un artefacto de experiencias y decires que es capaz de tomarse todo, lo de antes, lo de ahora, lo de acá y allá, y ponerlo todo en barro de nuevo. Ya sé que es muy común hablar del barro acá en el estuario este que nos tiene cerca. Para mí está bien y es de fondo esa metáfora, y acá tiene una nueva realización, o exploración. Así como nosotros tenemos al menos una ciudad que suena al mismo tiempo a egipcia antigua, a incendio, y a pastiche local: Piriápolis, así es que este libro le junta la nuca con los talones a Occidente.

Y no todo está “logrado”, o cerrado en el libro, como en el barro precisamente, que nunca fue una cosa muy ordenada ni prolija. Pero todo está bien, está vivo, es material con potencia de reorganización. Y es un texto humilde antes que nada. Cielo 1/2 habla de los propios fracasos bien de frente, y en eso recuerda un poco, para volver al principio, al Ecce homo de Nietzsche, que fue uno de los que usó mejor la ironía respecto de las pretensiones de grandeza del aquel yo decimonónico que Borges empieza su carrera ya ajusticiando. El de Nietzsche es el logro mejor de la humildad en un siglo de tipos que se veían y se escribían más de lo que eran—hay que recordar el índice, desopilante en su reírse de esas pretensiones, de Ecce homo, por ejemplo “Por qué soy tan genial”, o “Por qué escribo libros tan buenos”, o “Por qué es que soy un destino”, y demás. Hace falta humildad para encararse.

Recordemos de nuevo a Penteo al final, al miedo a la dispersión pero al encararse con ella y salir entero. Hablando de dispersión, Nietzsche logró escribir su Ecce Homo poco antes de la locura. Habrá que ver cuál es el próximo libro de Amir, entonces, antes de pasar un juicio más definitivo.
 

(Volver al Dossier)

VOLVER AL AUTOR

             

Google


web

H enciclopedia