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ISSN 1688-1672

 



PÄRT, ARVO

Parte del árbol (una mirada sobre Arvo Pärt)*

Alvaro Pemper
Arvo Pärt ha intentado definirse musicalmente algunas veces con la palabra "tintinabular". Dentro de la oscuridad del concepto, podemos entender que representa una dirección, una última aspiración, para que su música retenga o iguale de algún modo el sonar simplísimo de las campanas.

1

"Oh, Señor, manda Tu gracia
a ayudarme, así podré glorificar Tu nombre"

Se puede elegir saber muy poco de un compositor, sobre todo si está vivo y no ha entrado al canon hagiográfico de
los "grandes de la música". Eso ha sido relativamente sencillo en el caso de Arvo Pärt, por lo menos hasta hace unos pocos años cuando, de forma algo alarmante, artículos en revistas especializadas, fotografías y elogiosas reseñas lo han transformado en uno de los compositores contemporáneos más conocidos, aunque -sospecho- escasamente comprendido en la indigeribilidad pura de su mensaje, oscuramente cristiano, profundamente ortodoxo, sagrado en un sentido casi olvidado de la palabra. Han dicho de su música que es una suerte de "minimalismo sagrado" (holy minimalism). Es que la fama siempre urge a un encasillamiento.

Es, bien lo sé, una fama modestamente circunscrita a una minoría, pero dentro de los códigos manejados dentro de esa minoría conocedora, el asunto Pärt se está tornando ligeramente popular (¡oh, horrorosa palabra!).
Pärt es un músico de la fe, y todos pregonan que la fe ha muerto. Hoy, que alegres teóricos miran las estructuras como cáscaras vacías y formulan discursos que son a su vez otras cáscaras vacías, Pärt se asoma a la incomprensible estructura de Dios no para divulgar su duda, su temor o su falla, sino para contribuir a sostener esa incomprensible estructura.

Ninguno de nosotros podrá jamás saber dónde, en que parte de la fe de Pärt se esconde la duda, la tortuosa rebelión que todos, santos o miserables pecadores albergamos. Él desnuda su alma simplemente: sin el estorbo de la razón y de la duda, así se debe cantar al Señor. No se entienda esto como un ditirambo desmedido: no implica, bajo ningún concepto, otro mérito que el atenerse a los viejos preceptos, a las viejas recetas tan largamente aplicadas de la devoción. Su material es venerable: los Salmos, los himnos de San Juan Crisóstomo, los dichos de Cristo, la exultación de la Pascua.

2
"Oh, Señor, libérame de toda ignorancia
y olvido, del desaliento
y de la insensibilidad de la piedra"


No hay en él novedad: es un continuador. Pero ocurre que la tradición fue interrumpida, el rito se ha trivializado, y la Iglesia parece descreer del poder de convicción de la liturgia musical, de las venerables lenguas santas. Hoy, en las deplorables transmisiones televisadas del ritual vaticano de Navidad, nos afligen crotorantes malversaciones del canto gregoriano a cargo de infectos niños mientras el Papa intenta benévolamente santificar la cacofonía con un perpetuo y enigmático asentimiento. ¡Que fue de tí, oh Madre Iglesia! ¡Cómo fueron tus muros arrasados!

La Iglesia, que en otros tiempos propiciara la edificación de los monumentos mayores del arte, hoy parece olvidada de sí y de Dios, que aparece -como enseñaron los maestros- en cada nota, en cada color arrancado por el hombre del corazón del misterio.

Pärt ha compuesto numerosas veces por encargo, como lo han hecho desde siempre innúmeros compositores.
He observado con pena que las composiciones de Pärt han sido todas encomendadas por particulares, ya sean fundaciones o individuos. La Iglesia está dramáticamente ausente. Es en ese silencio donde Arvo Pärt trabaja.

3
"Oh, Señor, implanta en mí la raíz
de todo bien
y el temor a Tí en mi corazón."


Varón de ceñudo aspecto, huesudo como un eremita, barbado como un profeta: quien haya visto su rostro no podrá jamás olvidarlo.
Las ediciones de ECM New Series, pioneras en la difusión de la obra de Pärt, han incluido casi siempre exhaustivas documentaciones fotográficas de las sesiones de grabación que se recrean en su imagen desmañada.

Calvo, de barba deshilada, ojos tortuosos, manos nudosas; perpetuamente, obsesivamente atento al discurrir de la música. Se intuye claramente que es un maníaco, una persona de difícil relación. En una reciente entrevista declaró que combatía la falta de inspiración con la pedestre tarea de la pela compulsiva de papas. "Es raro",dice, "que la música te llegue sencillamente".

Nació en Tallin, capital de Estonia, tierra báltica varias veces asolada e invadida, en el año 1935. Se formó bajo el imperio soviético y tuvo las predecibles dificultades que se viven bajo un estado interventor. Transitó por las formas que la modernidad imprimió a la música, cruzó y abandonó la -según sus palabras- "estéril democracia del dodecafonismo", y fue absorbido por el estudio de la música medieval. Es ese el momento donde se enciende la llama.

"Una vez, en la Unión Soviética, hablé con un monje y le pregunté cómo podía mejorar como compositor. Me respondió que para eso no tenía solución. Le conté entonces que también escribía rezos, música para rezos o para textos de los Salmos y que tal vez eso me ayudara como compositor. A lo cual el monje me respondió: "No. Estás equivocado. Todos los rezos ya han sido escritos. No tienes que escribir otros nuevos. Eso está todo preparado. Ahora debes prepararte tú". Creo que eso encierra una verdad.

Debemos estar preparados porque nuestros cantos se terminarán algún día. También llegará para el artista más grande el momento en que no quiera o no deba hacer más arte. Y quizás entonces apreciemos más su obra: porque existió ese momento en el cual el artista consiguió rebasar
las fronteras de su obra, ir más allá de su obra."

4
"Oh, Señor, no me dejes caer
en el infortunio"


Arvo Pärt ha intentado definirse musicalmente algunas veces con la palabra "tintinabular". Dentro de la oscuridad del concepto, podemos entender que representa una dirección, una última aspiración, para que su música retenga o iguale de algún modo el sonar simplísimo de las campanas. También ha dicho que la voz humana es el instrumento más perfecto, porque es al cual estamos más próximos, porque es aquél que percibimos en todas sus infinitas variaciones.

Por debajo de toda la palabra escrita, de la exégesis y de esta mera introducción que pretendo, subyace la verdad de su música. Tenemos la fe, la usemos o no. Tenemos el templo, para venerar aquello impronunciable. Sospecho que la obra de Pärt es una forma de la Gracia, que se difunde por el mundo por las vías del comercio. Los caminos del Señor no hallan respaldo en la razón.

Es en una composición de Pärt, no por azar exclusivamente instrumental, donde se vierte la más clara declaración del hombre tentado por la Gracia. Él ha declarado que su pieza "Arbos" representa, como su nombre latino lo indica, un árbol. Genealógico u orgánico, con el peso de los nombres previos o de las bajas ramas, ascendente y descendente: ramas y raíces, a imagen de la humanidad. Es una declaración, quizás la única declaración de toda su obra. Soy, pero soy porque soy parte del árbol. Aquello, para lo cual las palabras no bastan.

ARVO PÄRT - Litany. ECM New Series. 1592 - Arbos. ECM New Series. 1325 - Te Deum. ECM New Series. 1505

* Publicado originalmente en Insomnia, Nº 33

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